Kina Chocolates: cacao con alma latinoamericana y corazón catalán

Óscar no vende solo chocolate. Comparte historia, cultura y memoria. Desde su pequeño obrador en Barcelona, el fundador de Kina Chocolates ha creado mucho más que una marca: ha tejido un puente entre las comunidades agrícolas de América Latina y el paladar consciente de quienes buscan algo más que sabor en una tableta.

“Lo que queremos es que la gente entienda de dónde viene el chocolate que consume”, dice. Y para eso, Kina trabaja con cacao fino de aroma, 100 % trazable y con nombre y apellido: el de los agricultores que lo cultivan con dedicación y justicia.

Un origen personal con sabor a selva

La relación de Óscar con el cacao comenzó en Perú, mientras trabajaba en el Museo del Chocolate. Allí aprendió dos cosas que marcan su proyecto hasta hoy: la diversidad aromática del cacao según su origen y, sobre todo, el valor del trabajo agrícola.

Esa semilla creció con sentido: hoy en Kina colaboran directamente con comunidades amazónicas como La Chacra de Julia, en la selva del Cusco, donde Óscar vivió durante una etapa clave para el desarrollo del proyecto.

“No buscamos relaciones transaccionales. Queremos crecer juntos, desde la confianza y la amistad.”

Enseñar a saborear con los cinco sentidos

Uno de los pilares de Kina es la educación sensorial. En sus talleres de chocolate, los asistentes pueden tocar el fruto del cacao, probar la pulpa, fermentar, tostar y moler el grano con sus propias manos. Todo para entender lo que nunca vemos: el proceso completo del árbol a la tableta.

Incluyen ejercicios prácticos y cartas aromáticas para entrenar el olfato y el gusto, y transmitir algo fundamental: el chocolate no es un dulce más, es una historia que se cultiva.

Estética con identidad

Pero en Kina, el mensaje no se detiene en el sabor. Los empaques coloridos están inspirados en los tejidos andinos y hablan por sí solos. Además, todos están etiquetados en catalán, como forma de conectar con la cultura local desde el respeto mutuo.

“Nos gusta apoyar lo local: desde las lenguas hasta las manos que cultivan el cacao.”

Entre lo industrial y lo auténtico: el desafío de posicionarse

En un mercado saturado, lanzar un chocolate con precio justo, trazabilidad y enfoque pedagógico no fue fácil. El reto era competir con opciones industriales mucho más económicas. Pero cuando los consumidores prueban Kina, el resultado habla por sí solo: aromas intensos, sabor puro y una historia real detrás de cada mordisco.

Un consejo para quienes empiezan con raíces

Óscar lo tiene claro: el storytelling es clave. “Nuestra historia es única, y eso es lo que conecta”. Por eso, antes de abrir Kina, dedicaron cuatro meses enteros solo a trabajar su relato.


Desde Luma celebramos proyectos como Kina Chocolates, que defienden los sabores de América Latina sin perder el vínculo con su nuevo entorno. Porque cuando una tableta lleva el sabor del cacao y también el respeto por quienes lo cultivan, se convierte en algo mucho más grande.